¿Cuál era tu excusa?

La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer; busca excusas
William S. Maugham

La mayoría de las personas tenemos pensamientos que parecen tirar hacia atrás de nosotros. Imaginamos que es imposible conseguir aquello que queremos o que podemos, o bien nos atascamos en lo que ha ocurrido anteriormente en circunstancias similares o no. Construimos una estructura de justificaciones, excusas o límites, que se terminan convirtiendo en una auténtica barrera emocional que nos paraliza y puede llegar a hacernos enormemente infelices.
Algunos de los más comunes te los presentamos aquí. No son todos, pero pueden ser una buena muestra de esos pensamientos limitantes, que no nos dejan mejorar.

Culpar a los demás

Este es un proceso de pensamiento muy común que provoca que muchas personas simplemente no actúen. Se quedan atrapados en un bucle de inacción que achacan a sus padres, profesores, el gobierno o cualquier otra persona, institución o empresa. Pero lo cierto es que el mundo está lleno de gente que lo han tenido difícil o mucho peor que nosotros. Y salen adelante en la vida. Con éxito. Simplemente toman el control de su vida y deciden avanzar.
Culpar a otros de no conseguir algo, no funciona. Es verdad que, algunas veces, las piedras en el camino se multiplican. Pero no es menos cierto, que hay quien parece encariñarse con la piedra y se queda ahí, en medio del sendero, viendo a otros que pasan a su lado y lamentándose.

No tengo posibilidades

No puedo hacerlo. No tengo dinero, tiempo, o habilidades para ello. Vale para hacer ejercicio, plantearnos un nuevo reto o encontrar pareja.
Es una magnífica forma de perder el juego sin haber empezado siquiera a jugarlo. Utilizamos estas excusas para evitar implicarnos a fondo en algo que, en la mayoría de las ocasiones, nos apasiona. Estamos un montón de horas frente al televisor o el teléfono móvil, y luego nos lamentamos de no tener tiempo para nada de lo que nos gusta hacer. Gastamos dinero en cosas que no necesitamos, y nos quejamos de no tenerlo para empezar nuestro propio negocio. Hay que dar la vuelta a esta forma de pensar y, en lugar de excusas, salir de nuestra zona de confort y hacer las cosas que debemos, para tener la felicidad que merecemos y deseamos.

Miedo al fracaso

Este es quizás el mayor de nuestros pensamientos negativos. Vive en nuestro interior y nos ha sido inculcado desde pequeñitos. ¡Hay que hacer las cosas bien! ¡Si no, mejor no las hagas! Así, muchos de nosotros ni siquiera lo intentamos porque pensamos automáticamente, que fallaremos y todos se reirán. Nadie nos dice que hacerlo es la única forma de aprender. Que forma parte indispensable del proceso creativo, del aprendizaje, del éxito. Se dice que Edison falló 10000 veces antes de inventar la bombilla. No tendríamos penicilina si Pasteur no hubiese cometido unos cuantos errores.
¿Cuántas veces nos caímos antes de aprender a andar?¿Y a ir en bicicleta?¿O todos nos tiramos al agua y salimos nadando perfectamente? Es un prerrequisito. Fallar forma parte ineludible del éxito. Quien se queda quieto no conseguirá nunca nada.

Un pasado negativo

Es otro de los grandes obstáculos. Quizás uno de los más importantes y complicados de abordar. Ocurre con el amor o con los negocios. Si nos ha ido mal, pensamos que se repetirá y tememos un nuevo intento.
Pero lo cierto es que lo que ocurrió en el pasado no tiene porque repetirse. A no ser que nosotros nos empeñemos en ello. Si empezamos una nueva relación pensando en no cometer los errores de la anterior, puede ocurrir que obtengamos el resultado contrario. Olvidamos que es una nueva persona, y que condicionar nuestra relación con limitaciones que no tienen nada que ver con ella, puede conseguir que se aparte de nosotros.
Asimismo, si pensamos que por nuestras condiciones familiares, económicas, de procedencia o cualquier otra, no vamos a tener posibilidades de conseguir aquello que merecemos, estamos siendo nuestro peor enemigo.

La vida está llena de personas que han luchado para salir adelante, a pesar de sus posibles handicaps. ¿Y saben que es lo más curioso? Ellos no lo ven como un problema. Al contrario. Lo han vivido como un acicate.

Forma parte del pensamiento orientado a la solución. Podemos ver problemas o retos. Y eso determinará nuestras posibilidades.

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