Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón.

Marguerite Yourcenar

La forma en las que tomamos las decisiones mas importantes en nuestra vida nos pone, en ocasiones, en una disyuntiva.

¿Debemos seguir a nuestro corazón o a nuestra cabeza?
Es una pregunta ancestral que ha propiciado mucha literatura y citas. Para investigar esta aparente irreconciliable decisión, un estudio reciente, intentó averiguar las diferencias entre aquellos que se dejan llevar por el cerebro y los que siguen su corazón.

La pregunta era:
¿Independientemente de lo que sepas acerca de la biología, que parte de tu cuerpo está más asociada a tus decisiones?
Los 112 participantes del estudio se dividieron a la mitad: los que señalaron que era su corazón y los que pensaban que era su cabeza. En general, las mujeres tenían más tendencia a señalar a sus corazones que los hombres.

heart-623530_640¿Quién tiene razón?¿Cuál es la mejor forma de tomar decisiones? De hecho, y según otros cinco estudios, la investigación muestra como cada una de las formas de pensar tiene sus ventajas.
Quienes preferían su cabeza tenían mayores conocimientos o una mayor formación académica mientras quienes se dejaban llevar por el corazón eran más cálidos en las situaciones sociales. Sin embargo, ninguna de las dos opciones parecía “ganar”.

¿Y si integramos ambas?
Esto es lo que los autores del estudio hicieron en un séptimo estudio, asignando aleatoriamente a los participantes a dos grupos, orientados encubiertamente al corazón o la cabeza. En lugar de preguntarles directamente sobre su orientación al decidir, trataron de manipularles a pensar de una forma u otra. ¿Funcionaría?
Pues si.

Conducir nuestra atención hacia el cerebro facilita la resolución de problemas intelectuales, especialmente porque nos inclina a razonar desde un punto de vista amplio, considerando todas las opciones. Hacerlo desde el corazón, consigue que le demos mayor importancia a factores emocionales que a racionales, probablemente porque hacen aflorar nuestros sentimientos a la hora de decidir, concluyen los autores.

Esto abre la posibilidad de que aquellos que se llevan por su cabeza tengan los beneficios de hacerlo con el corazón simplemente siendo conscientes y abriendo esa posibilidad. De forma similar, quienes consideran sus emociones en primer lugar, pueden contactar con su lado racional cuando la situación lo requiera.

Es algo que hacemos automáticamente todos los días pero, si lo traemos a un nivel consciente de forma deliberada, nos beneficiaremos de las dos formas de pensar.

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