No

No hay mayor esclavitud que decir sí cuando se quiere decir no
Baltasar Gracián

Hoy me gustaría proponerle un sencillo ejercicio:
Cierren los ojos (mejor si están a solas)
Ahora digan NO para si mismos, bajito, a poco volumen. Repítanlo en su tono normal de voz. Luego un poco más alto, sin gritar. Por último, díganlo lo más alto que puedan (dependiendo del lugar y la compañía; no queremos a todo el mundo mirando)

Liberador ¿verdad? Y resulta curioso que no lo hemos dirigido a nada. Simplemente lo hemos expresado. Un NO, podríamos decir, genérico. Ahora, para finalizar este sencillo ejercicio, piensen a quien, o que, estaban dedicando su NO. Investiguen en lo que pensaron al expresarlo.

Es increíble el poder que tiene afirmarnos con una negativa. Poner un límite a algo o a alguien que no lo espera. Luchar con la conformidad que no nos permite avanzar, dejándonos atrapados en una red de insatisfacción y conveniencia social que puede llegar a durar una vida completa.

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Cuando ya hace unos pocos años (adviértase la ironía) me propusieron una lectura en clase de Psicología Clínica, me reí. Eramos unos críos con ínfulas de grandes investigadores de la conducta. Y que un profesor universitario nos recomendase un libro que se llamaba “Cuando Digo No, Me Siento Culpable” de Manuel J. Smith (hasta el nombre del autor nos hizo reír; era la edad), nos hizo pensar en una broma del docente. Pero nada más lejos de la realidad. A lo largo de mis años en clínica, he recomendado este volumen en bastantes ocasiones. Y lo he repasado unas cuantas más.

El título expresa, claramente, el sentimiento que experimentamos la mayoría de nosotros cuando decimos ¡NO!. Especialmente cuando creemos que esto no es lo que se espera de nosotros. Corrijo. Es ese momento o situación la que provoca nuestra desazón. Porque un no anticipado o esperado, no es realmente un NO.

Sin embargo, decir NO, no es tan fácil como el ejercicio que hemos llevado a cabo. Quizás es conveniente que reflexionemos sobre estos puntos antes de lanzarnos a nuestra nueva aventura asertiva.

En primer lugar esta la aceptación de que este proceso no es algo cómodo. Y como tal, la ansiedad formará parte ineludible del mismo.

En segundo lugar deberemos perder el miedo a lo que los demás puedan pensar, dentro de unos límites razonables. Tú eres la primera persona que debe estar satisfecha con su conducta. Es normal que nos pongamos nerviosos o incómodos a la hora de decir que no. No debemos olvidar que es lo que queremos y no claudicar, con un si de conformidad. Así solo conseguiremos posponer una situación, pero no resolverla. Las consecuencias negativas que nos puede acarrear aceptar, seguramente no se verán compensadas por el alivio emocional momentáneo al hacerlo.

Di que no sin dar demasiadas explicaciones; así ofrecerás menos argumentos a aquellos que te quieran convencer de lo contrario. Ahora, para finalizar nuestro ejercicio del principio, colócate frente a un espejo y piensa en situaciones cotidianas en las que tengas que decir que no. Observa mentalmente tu comunicación no verbal, escuchando también tu lenguaje verbal. ¿Suena convincente? Una vez lo hagas, elabora una jerarquía de esas situaciones, y clasifícalas desde aquellas más difíciles para negarte a lo que te piden, hasta aquellas en las que te cuesta menos decir que no. Comienza hoy mismo a dejar clarolo que no deseas hacer. Interioriza esta idea: “es posible que no hagas ni seas aquello que deseas, pero siempre tienes la opción de no hacer ni ser aquello que no quieres”, y ponla en práctica cada vez que te enfrentes a una situación en la que no desees hacer lo que te proponen.

Por último, recuerda que estamos intentando ser asertivos que no es otra cosa que una habilidad social que se trabaja desde el interior de la persona. Es la habilidad para ser claros, francos y directos, diciendo lo que se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás, ni menospreciar la valía de los otros, sólo defendiendo tus derechos como persona. Dicha habilidad se sitúa en un continuo, donde en el centro se encuentraría la asertividad, y en los extremos a un lado y a otro de ella, se encuentran la pasividad y la agresividad.

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