¿Nos decidimos?

La peor decisión es la indecisión
Benjamin Franklin

La mayoría de nosotros malgastamos mucho de nuestro tiempo recriminándonos por no hacer lo que se supone que tenemos que hacer. Por eso es reconfortante encontrar una explicación externa a nuestra supuesta falta de productividad. La excusa nos la proporciona un estudio llevado por Katherine Milkman. En una serie de experimentos, esta psicóloga norteamericana, encontró que, manejar la incertidumbre agota, literalmente, nuestro auto-control. La consecuencia inmediata de este agotamiento es que tendemos a elegir aquello que nos proporciona una satisfacción más inmediata, y que seguramente no es lo que realmente querríamos si tuviéramos tiempo y sosiego para evaluar todas las opciones posibles.

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Cuando tenemos que tomar decisiones, no somos conscientes de hasta que punto nos movemos entre un montón de pequeñas decisiones “debemos-queremos”. Como sugiere Milkman si los profesionales (médicos, financieros u otros) fuesen capaces de minimizar la incertidumbre en la toma de decisiones, conseguirían ayudar realmente a las personas a elegir, basándose más en lo que deben hacer que en lo que quieren hacer. Reducir esta incertidumbre puede incluso resultar en una mejor gestión de nuestro día a día y evitar decisiones o conductas que pueden hacernos sentir profundamente infelices.

Podemos incluso sugerir la asociación existente entre las decisiones poco éticas y la incertidumbre. Un buen ejemplo de esto podría ser la aparente falta de cordura que parecen estar teniendo muchas medidas que se están tomando en la época convulsa en que vivimos. Parece que la oportunidad de poder obtener beneficios inmediatos gana a los comportamientos mas moralmente correctos.

Reducir la incertidumbre no es algo sencillo. Se hace necesario plantearnos nuestra vida de una forma totalmente diferente, siendo capaces de valorar detenidamente nuestras opciones. Esto es aplicable a todos nuestros ámbitos, desde los más comunes, que nos pueden hacer llegar a casa con unos zapatos que realmente no queríamos, hasta decisiones directamente relacionadas con nuestra salud o relaciones personales. Esto no significa que debamos rediseñar nuestra vida para eliminar toda la incertidumbre de ella –sería algo muy aburrido-. Significa ser capaces de tomar decisiones basadas en nuestra propia evaluación de nuestras emociones y no en situaciones en las cuales nos sentimos empujados a actuar guiados por lo más inmediato o popular.

El estudio destaca el importante papel que juegan los hábitos en lo que nos hace sentir más felices con nosotros mismos. Si volvemos a casa tras un duro día de trabajo y nos paramos a pensar ¿iré al gimnasio hoy?, provocamos una incertidumbre que dispara nuestra tendencia a evitar ir a hacer ejercicio. Sin embargo, si llegamos a casa con la idea de ir al gimnasio porque hemos conseguido consolidar dos meses seguidos sin fallar, rompemos esa incertidumbre incluso antes de que aparezca.

Esto nos hará sentir mucho más felices.

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