Conecta … ¡Contigo!

Tú mismo,
así como cualquier otro en el universo entero,
mereces tu amor y afecto
Buda

Todo comienza aquí. En nuestra capacidad de conectar con nosotros mismos. Para poder entendernos y querernos, este es el primer e ineludible paso. Conseguir ser consciente para tener una saludable relación con la persona de la que depende nuestra felicidad: nosotros mismos.

Cuando lo hacemos, somos capaces de crear vidas satisfactorias y con significado. Y, además, nos ayuda enormemente a identificar cuando las cosas van mal.

Al aprender a reconocernos, aprendemos a comprender nuestros sentimientos y emociones, de forma que podemos responder a nuestras necesidades y cuidar de nosotros mismos. Centrarnos en nuestros sentimientos nos protege. De la depresión, ansiedad, adicción o cualquier otra conducta o pensamiento perjudicial para nosotros. Por supuesto, no estamos diciendo que esto consiga eliminar sentimientos o conductas negativos. Pero conseguirá que los abordemos de una forma mucho más saludable cuando llegue el momento. Somos capaces de identificar que es lo que puede estar distorsionando nuestra vida y corregirlo, si podemos, o solicitar ayuda, en caso de considerarlo necesario. Y lo haremos mucho más rápido.

A continuación te proponemos algunas formas para fortalecer nuestra conexión con nosotros mismos.

1. Se consciente de tus sentimientos. Fíjate en cuáles son en cualquier momento. Por ejemplo, si estás en una reunión de trabajo y no te encuentras a gusto, intenta saber porque ocurre. Puede ser que tengas mucho trabajo y sientes que pierdes el tiempo o que no estás a gusto con los compañeros presentes. Esto te hace sentir estrés que, si no lo identificas, no podrás atajar. Una vez lo identificas y descubres el reflejo corporal que está provocando (tensión en el cuello, incomodidad en el estómago) puedes intentar modificarlo, por ejemplo, llevando a cabo ejercicios de respiración que te ayuden a centrarte en ti y aislar estos estresores.

2. Una segunda opción es el etiquetado de lo que sientes en un momento determinado. Puede ser tan sencillo como decirte una palabra. Preocupado, tenso, enfadado o ansioso, son algunas de las que pueden identificar que ocurre. Una vez lo sabemos, y si hacemos el esfuerzo adicional de describirnos a nosotros mismos todo el proceso, resulta mucho más sencillo, remediarlo o solucionarlo en una próxima ocasión.

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3. Acepta tus pensamientos y emociones. La clave para conectar con nosotros mismos es hacerlo sin juzgar nuestros pensamientos, sentimientos o experiencias. Puede ser algo contradictorio, pero aceptarlos sin tratar de evitarlos o taparlos, es la única forma de ser consciente de ellos. Frecuentemente, la fuente de nuestro estrés viene, precisamente, de la culpabilidad por sentir. Construimos una amalgama de emociones contrapuestas sin saber como empieza todo.
En lugar de juzgarnos, centrémonos en observarnos. En muchas ocasiones, lo único que necesitamos es aprender a interpretar lo que ocurre en nuestro interior. Lo hacemos cuando tropezamos y nos damos un golpe, sabiendo que sentiremos dolor y pasará. ¡Aprendamos a hacerlo con nuestros sentimientos y emociones!

4. Acompáñate. Una magnífica forma de conectar. Caminar a solas, leer o ir a la playa sin compañía, nos ayuda enormemente a recuperar ese sentimiento de individualidad que perdemos en una sociedad multi conectada (o multi desconectada, según se mire).

5. Practica la autocompasión. Al contrario de lo que sugieren las creencias populares, es una de las mejores formas de conectar con nosotros mismos. Con frecuencia, por no decir siempre, nos imponemos tareas o emociones, que no nos corresponden, porque es así como se espera que actuemos o sintamos. Esto nos hace infelices, aún sin tener claro porque.
La auto compasión tiene que ver con la capacidad de perdonarnos, de entender que los errores que podamos cometer, son solo parte de nuestra experiencia y, como tales, debemos dejarlos pasar, aprendiendo de ellos.

Esto no tiene nada que ver con la auto indulgencia. Al contrario, la compasión con nosotros mismos es uno de los factores más relevantes de una buena autoestima y disciplina personal. Es reconocernos, incluso en nuestros errores. Y seguir adelante, fortalecidos.

En resumen, conocernos es precisamente eso, comprendernos. Sin juicios.

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