¿Menos estrés?

El estrés procede tanto del exterior como de nosotros mismos. En el exterior nos encontramos con ambientes laborales exigentes, demasiadas tareas por hacer o problemas u obstáculos imprevistos que surgen en nuestras vidas diarias.
Sin embargo, ante una fuente de estrés externa, no todo el mundo reacciona del mismo modo. Si haces una montaña de un grano de arena, estarás añadiendo mucho más estrés al que ya tienes.
Es decir, tu reacción ante una fuente de estrés externa es la que determinará si puedes afrontarlo con facilidad o si vas a venirte abajo.

Estas son algunas de las cosas que puedes hacer cuando aparezca en tu vida alguna fuente de estrés:

Evaluar, planificar, organizar. Ten en mente estas tres palabras cada vez que surja en tu vida una situación estresante o problema. No dejes que tu reacción inicial sea la que domine, porque la reacción inicial es a menudo exagerada y te hace ver el problema como más grave de lo que realmente es. Por tanto, respira hondo, relájate, olvida lo primero que has pensado al aparecer el problema y evalúa la situación de un modo realista. Describe la situación o problema de forma objetiva, piensa en las diversas alternativas de respuesta de las que dispones y elabora un plan de acción que te permita afrontar el problema, tratando de encontrar la mejor solución.

Cuidado con el catastrofismo y tremendismo. Como he escrito en el punto anterior, la reacción inicial puede ser exagerada. Si te dejas arrastras por ella, puedes acabar reaccionando como si fuera una verdadera catástrofe, pensando cosas como “Es horrible, no puedo soportarlo, así no vale la pena vivir, solo me pasan cosas malas en la vida, no podré arreglar esto, es demasiado…” Todos estos pensamientos son exagerados y responden a una reacción emocional muy visceral que a veces surge al principio. Si tu mente se está llenando de todas estas ideas tremendistas, piensa: “Basta, estás teniendo un ataque de tremendismo, así que detente, respira hondo, bebe un vaso de agua, relájate y vuelve a analizar la situación de forma más realista. No es tan terrible”.

Aceptar la realidad. La vida está llena de situaciones desagradables, problemas y contratiempos, al igual que está llena de cosas buenas. No hay nada que puedas hacer al respecto. Por tanto, acepta que los problemas existen (y no solo para los demás, sino también para ti) y que de vez en cuando te toparás con alguno.

¿Y si tu vida es una serie de problema tras otro? Si pareces estar en un torbellino de estrés y la mayoría de las cosas que te pasan en la vida son negativas, significa que hay algo en tu forma de manejar tu vida que debes cambiar. Tal vez no sabes organizarte, no gestionas bien el tiempo, no te relacionas con los demás de un modo asertivo, etc. Descubre cuál es el problema y busca una solución.

Gestionar el tiempo. Organizar y planificar tu día puede servirte de gran ayuda. Crea horarios, usa agendas, blocs de notas, planificadores electrónicos o cualquier cosa que te ayude a organizarte.

Adopta una actitud de solución de problemas. Cuando surge un suceso estresante, puedes verlo como una amenaza o como un reto. Si lo ves como una amenaza, te asustarás y querrás salir corriendo. En cambio, si optas por verlo como un reto, lo interpretarás como un problema que hay que solucionar, pensarás en la mejor solución posible, la llevarás a cabo y luego te felicitarás por haber superado el reto. Por tanto, ¿prefieres ver los problemas como amenazas o como retos? Tú eliges.

Cuidado con el perfeccionismo excesivo. El perfeccionismo exagerado es una gran fuente de estrés para muchas personas. Ten presente lo siguiente:
No eres perfecto.No siempre lo vas a hacer todo bien. No siempre vas  encontrar la solución ideal. Puede que no se te ocurra ninguna o que tardes un tiempo en encontrarla.A veces no existe la solución ideal sino solo soluciones moderadamente buenas. Algunos problemas no tienen solución (o no tienen una solución inmediata). Debes aprender a aceptar que está ahí para quedarse para siempre (como una enfermedad incurable) o durante mucho tiempo.

Sé optimista. Si puede salir bien saldrá bien (especialmente si pones de tu parte) y si puede salir mal, tú puedes hacer algo para intentar  evitarlo.

Mindfulness. Practica el mindfulness en tu vida diaria. Es sencillo y comprobarás que sus beneficios son muchos. Es una técnica milenaria que ahora ha adquirido la psicología moderna para hacerla pare de su práctica (porque funciona).

Observa tu pensamiento. Como decía antes, el modo como interpretes un suceso potencialmente estresante, influirá mucho en tu nivel de estrés, ansiedad, depresión y otras emociones negativas.

Visto en Taringa

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