Presente Consciente

Lo menos frecuente en este mundo es vivir.
La mayoría de la gente existe, eso es todo.
Oscar Wilde

Las dos últimas semanas les he propuesto revisar el presente. Hoy terminamos con esta tarea, adentrándonos en lo que se podría llamar el corazón de nuestro presente. Como conseguir cambiar nuestra forma de vivir y pensar, para disfrutar del aquí y ahora.

Uno de las primeras dificultades que tuve al acercarme al mindfulness fue el concepto de aceptación. Me sonaba a conformismo, a bajar los brazos, a dependencia. Pero no es así. La aceptación es todo lo contrario. Si algo te molesta, no huyes de ello o lo evitas, simplemente te mueves hacia él. Eso es aceptación.

Todos tenemos dolor en nuestra vida, una relación que se ha acabado, la ansiedad antes de un examen, el ruido de la obra al lado de la oficina … Si los dejamos, estas sensaciones irritantes conseguirán distraernos del disfrute de la vida. Y creanme: es lo que hacemos habitualmente.

Nos enfocamos en el problema y tratamos de evitarlo o cambiarlo. Lo que conseguimos, en muchas ocasiones, es que se vuelva todavía peor.

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Pero es la tendencia natural de nuestra mente: resistirse a pensamientos, sentimientos o sensaciones desagradables. Cuando acaba una relación amorosa, por ejemplo, luchamos con nuestros sentimientos de pérdida. A medida que nos hacemos mayores, más queremos ser jóvenes. Cuando nos sentamos en la silla del dentista, querríamos estar en cualquier sitio menos ahí. Pero, en muchos casos lo que ocurre es todo lo contrario. Luchar contra estos sentimientos o situaciones negativas lo que consigue es la magnificación del dolor. Anticipamos algo y sufrimos por ello. Además del dolor propio de la situación. Es como la repetición de la jugada en deporte, pero al revés.

El problema es que no solo tenemos emociones primarias sino también secundarias, emociones sobre las otras emociones. Nos estresamos y pensamos, “ojalá no estuviese tan estresado” La emoción primaria es el estrés producido por el exceso de trabajo. La emoción secundaria es el odio que sentimos hacia estar estresados.

Pero no tiene porque ser así. La solución es la aceptación. Dejar que la emoción esté ahí ¡por algo será! No intentar manipularla o evitarla, sino observarla, sin juicio sobre ella. Es el primer paso hacia la comprensión de todo el proceso. Tratar de cambiarla solo lleva a la frustración y el cansancio. La aceptación nos libera del sufrimiento extra innecesario.

Y es ahí donde las cosas comienzan a cambiar. Estamos viviendo lo que ocurre al minuto, en el presente. La aceptación no implica que no tengas metas y que esto se quede así para siempre.

Más bien al contrario. Propicia un conocimiento “en tiempo real” de como somos y como reaccionamos. Paradójicamente, al dejar de controlar y admitir que hay cosas que no podemos modificar, somos más dueños de nosotros mismos. Y no de una visión idealizada de nuestra persona. Nos reconocemos como personas que pueden estar tristes, estresadas o sentir dolor. Y entendemos que todo esto forma parte de nuestra propia riqueza interior.

La aceptación no significa que nos gusta lo que está ocurriendo. “La aceptación del momento presente no tiene nada que ver con la resignación”, señala Jon Kabat-Zin, autor de referencia en mindfulness. “La aceptación no te dice que hacer. Lo que va a ocurrir, lo que eliges hacer; esto tiene que venir de tu propio entendimiento del momento”.

Si sientes ansiedad, puedes reconocerla como tal, aceptarlo, y dirigir tu atención a cualquier otra cosa. Observas tus pensamientos, percepciones y emociones moviéndose en tu cabeza sin implicarte en ellos. Los pensamientos son solo pensamientos. No tienes que creerlos o hacer lo que dicen.

La segunda parte de vivir nuestro presente es la atención plena. Seguramente todos hemos tenido, en alguna ocasión, la sensación de no recordar o ser conscientes de los últimos quince minutos conduciendo hacia nuestro trabajo. O de lo que hemos hecho en la última semana, día por día.

Estos momentos, más o menos prolongados, es como si no estuviésemos conectados con nosotros mismos, como si no estuviésemos ahí. Nos metemos en una suerte de automatismo vital que crea una falsa sensación de monotonía y rutina en nuestras vidas. Nuestro cerebro nos lleva a ello, en su intento de economizar al máximo su uso.

Pero esto se puede evitar y conseguir todo lo contrario: la sensación de estar presente y atento en la mayoría de nuestros momentos vitales. Un sencillo ejercicio para conseguirlo es esforzarnos en encontrar lo nuevo de cada situación. Puede ser desde los cambios del paisaje, la densidad del tráfico o la ropa de nuestros compañeros de trabajo. Este proceso hace que nos impliquemos en el momento presente y produce otra serie de beneficios en cascada.

Ser conscientes de los cambios, sutiles o no, hace que nos sintamos parte del cambio que experimenta el mundo a nuestro alrededor, continuamente. Es lo que se denomina la mente del principiante.

Una propuesta para terminar ¿eres capaz de decir, sin mirar, que te rodea? Ahora mira a tu alrededor, pausadamente. Cierra tus ojos y rememora lo que has visto ¿verdad que el mundo tiene un montón de cosas que apreciar?
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