Permitir que sucedan …

Esperar es una de las virtudes mejores del ser humano. O eso dicen.

Como comenta E. Mendicuti muchas personas se sientan paciente, o impacientemente, a esperar que por obra de un milagro su situación, profesional o personal, cambie de un momento a otro, simplemente porque en algún lugar leyeron o escucharon que, si eran pacientes recibirían lo que habían pedido. Y dejan el tiempo pase esperando que el tiempo les regale lo que están esperando. Es curioso ¿verdad?

En el otro extremo están quienes creen que solo ellos son responsables de su propio destino, responsabilizándose de la imposible tarea de cambiar y moldear todo  a su alrededor. Llegan incluso a crearse la ilusión de que así lo están haciendo. Hasta que se dan de bruces con la realidad del otro, con las limitaciones o simplemente, con su propia incapacidad. Por más control que crean tener, descubren que lo único que les pertenecen son sus emociones y acciones propias. Nada más.

Es entonces, cuando caen en la desesperanza y la frustración. En el escepticismo y la incredulidad. Pasando, en muchos casos a culpar a todo y a todos los que le rodean de su propia fantasía de control.

Pero, existe otro camino. El de quienes han entendido que no se trata de hacer que las cosas sucedan, ni de esperar a que lo hagan sino de, permitir que sucedan. Han comprendido que  la única manera es actuar con claridad, visión, resiliencia, flexibilidad y conocimiento hacia aquello que queremos conseguir.

Y, al mismo tiempo, comprender que en la vida tenemos contratiempos y retos que pueden desviar con facilidad nuestra atención y esfuerzo y poner a prueba nuestra confianza y determinación. Son esos momentos en los que uno debe actuar con flexibilidad y resiliencia. Siendo comprensivo con uno mismo y con los demás, teniendo la capacidad de modificar nuestro rumbo si es preciso.

A veces es necesario dar espacio y tiempo a entender lo que está sucediendo, aceptar, entenderlo y seguir adelante. Porque, por mucho que lo creamos, nuestro empeño en el control es, en la mayoría de las ocasiones, lo que más nos desvía de nuestro camino.

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