Tiempos difíciles

Sólo durante los tiempos difíciles es donde las personas llegan a entender lo difícil que es ser dueño de sus sentimientos y pensamientos.

Antón Chéjov

Todos enfrentamos dificultades de cuando en cuando. Es parte natural del ciclo de la vida. Son esos momentos en los cuales parece que nada puede ir bien y que no conseguimos ver ninguna salida a la situación en la que nos encontramos. Y esto nos paraliza. Y lo recordamos.

Nuestro cerebro está diseñado para guardar información. Lo hace en cada segundo de cada día . Cuando surge información nueva, nuestro cerebro busca una referencia en la memoria para poder responder. Y este puede ser el problema. Si no aprendemos a reaccionar de forma activa y positiva en los momentos complicados, es muy probable que nuestro cerebro asuma que no podemos hacerlo en momentos similares. Y en esto tienen que ver mucho nuestras emociones.

En la vida, no podemos cambiar lo que ocurre. Sin embargo, podemos elegir la emoción. La vida es un 10% lo que ocurre y 90% cómo reaccionas.

Piensa en ello. Esto es lo que ocurre cuando tienes una mala experiencia. Durante el resto de tu vida tienes una reacción automática cuando se repite.

Sin embargo podemos elegir ver lo positivo incluso en los tiempos más difíciles.

Veamos como podemos hacerlo.

En primer lugar, necesitamos hacer un chequeo de nuestras posibilidades. Conocer con que contamos y en que condiciones estamos para poder actuar. La primera pregunta sería: ¿Estoy respirando? ¡Claro!, es lo que diríamos. Pero lo cierto es que durante los tiempos más difíciles nuestro nivel de estrés aumenta y nuestra respiración se resiente. En este momento es esencial parar y preguntarnos ¿cómo estoy respirando?. Si encuentras que estás muy estresado, para 10 minutos, encuentra un sitio tranquilo y respira profundamente. La respiración diafragmática ha demostrado reducir los niveles de estrés Y ayuda a relajar la respuesta automática de nuestro sistema nervioso. Una de las claves para permanecer positivo es estar relajado, Y ser consciente de que tu respiración es correcta, es la mejor forma de empezar.

Una vez hemos hecho esta comprobación y somos conscientes de nuestra respiración podemos preguntarnos por que nivel de responsabilidad tenemos en lo que está ocurriendo. Fíjate que decimos responsabilidad, no culpa. Hay una gran diferencia en estas dos palabras. Una reconoce y acepta tu parte en la situación actual, la otra simplemente, nos culpabiliza. Centrarnos en nuestra parte, en lo que pueda estar ocurriendo y apartar la culpa, reduce el reto a una dimensión más manejable.

Ahora lo que tocaría saber es que puedo cambiar o controlar de lo que está ocurriendo. Es muy importante. Nos ayudará a saber en que emplear nuestra fuerzas y que, simplemente, debemos dejar ir. Cuando parece que hemos perdido el control de nuestra vida, frecuentemente perdemos la perspectiva de aquellas cosas que podemos cambiar. Evalúa tu situación honestamente, y mira que cosas puedes modificar Esto te ayudará a sentirte más centrado, más enfocado, y capaz de asumir el reto.

PIC_8135La otra parte de este importante paso es admitir que, en algunas ocasiones hay cosas que, simplemente, no podemos controlar. Es algo que debemos aceptar. Puede ser la naturaleza, otras personas, una mala programación nuestra. Ser capaces de separar lo que podemos o no abordar, hace que podamos ver los problemas como retos, disminuye nuestros niveles de estrés y, frecuentemente, aclara los pasos para una posible solución.

El siguiente escalón de nuestra propuesta tiene que ver con nuestro estado emocional. Tomar decisiones cuando estamos sobrepasados por emociones inherentes a tiempos difíciles, es lo peor que podemos hacer. Es más probable que hagamos elecciones malas cuando estamos en un mal estado emocional. Ser capaces de reconocer cuál es nuestro estado emocional nos ayuda a parar, respirar y decidir si es el momento adecuado para tomar una decisión.

Puede incluso que, al evaluar la situación, descubramos que lo mejor que podemos hacer es nada. En otras quizás debamos pedir ayuda. Evaluar qué es lo mejor que podemos hacer en cada momento, incluso en situaciones difíciles, nos ayudará a relajarnos Y, seguramente, tomar una mejor decisión. Este tipo de proceder tiene además la ventaja de incrementar nuestra confianza, por muy pequeña que sea la decisión que hemos tomado. La clave ha sido que hemos podido actuar a pesar de que era una situación difícil.

Y este es nuestro objetivo. Decirle al cerebro que podemos actuar. Introducir en él un esquema de acción, positivo. Con cada momento complicado aprendemos algo nuevo. Puede resultar duro de aceptar, pero lo cierto es que las situaciones más complicadas, y como reaccionemos en ellas, consiguen que este aprendizaje se consolide.

En definitiva, los tiempos difíciles son los más necesarios para mantener una mente positiva, una actitud que nos permita actuar. Por muy difícil que sea, la única forma de salir de un agujero, es trepando fuera de el.

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