¿Frustración?

Hay tres monstruos que no nos permiten avanzar: tengo que hacerlo bien, tienes que tratarme bien, y el mundo debe ser fácil.
Albert Ellis

Todos nos frustramos. El de delante, conduce como una tortuga, nuestro jefe no hay quien le entienda, mi pareja no parece escucharme … Y a veces todo ocurre en el mismo día.

Resulta difícil que consigamos manejarlo. Es normal, no venimos preparados para ello.
Esto es lo que pareció pensar, hace ya muchos años, Albert Ellis, padre de la Terapia Racional Emotiva, y uno de los psicólogos más influyentes de la historia (por encima de Sigmund Freud). Uno de sus libros más conocidos, Cómo rechazar obstinadamente que nada te haga miserable ¡Sí, nada! (traducido al español por Usted Puede Ser Feliz (sic), sigue siendo uno de los más comprados en los estantes de psicología práctica, en todo el mundo. El título puede llevar a engaño (no el original, claro), y hacernos pensar que lo que nos propone es otra solución mágica más, pero nada más lejos de ello. Su propuesta terapéutica, la Terapia Racional Emotiva ha sido, sin duda, una de las orientaciones más influyentes en la práctica clínica, suponiendo un vuelco, en las terapias conductuales al uso en la época.

Es una de las teorías más investigadas, aplicadas y validadas. Sus preceptos están ya incluidos en el cuerpo de la psicología científica de forma inexorable. Quizás vale la pena que le demos una oportunidad para hablar de frustración ¿no creen?. Funciona, y es muy simple de entender, quizás ese sea uno de sus mayores problemas en un campo empeñado en subrayar, una y otra vez, la “complejidad del ser humano”.

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Vayamos al grano. Respecto a lo que nos ocupa, la frustración, la teoría de Ellis, nos plantea algo muy interesante. No nos frustran lo hechos, lo hacen nuestras creencias sobre ellos. No es algo nuevo, ya lo planteaban los filósofos estoicos en la antigua Grecia. Ellis lo importa desde allí. Y prueba como realmente funciona.

Si entendemos como nos preocupamos, comprendiendo como nuestros deberías irracionales se cuelan, insconscientemente en nuestro pensamiento, seremos capaces de parar cualquier tipo de preocupación. Y ponernos manos a la obra, si hay algo que solucionar.

Un ejemplo: Nos pone de mal humor estar en un embotellamiento ¿verdad? Error. Porque es una característica del tráfico. Se atasca. Y no podemos solucionarlo. Lo sabemos. Realmente lo que nos pone de mal humor es que nos esté pasando a nosotros. Y no debería.
Visto con otro ejemplo, si nos tomamos un analgésico para este terrible dolor de cabeza pensando que va a funcionar, y no lo hace, nuestra frustración será tremenda. Y seguiremos con el dolor de cabeza.

Sin embargo, si tomamos el analgésico siendo conscientes de que no puede funcionar, y lo hace, el sentimiento será totalmente distinto. Son nuestras creencias hacia las cosas o los acontecimientos, las que provocan nuestra incomodidad, enfado y, eventualmente nuestra frustración.

Cuanto antes entendamos que son las expectativas las que van a condicionar nuestro estado de ánimo, más rápido dejaremos de frustrarnos por cosas que están totalmente fuera de nuestro posible control.

Albert Ellis nos explica como hacerlo en cinco pasos AECD
A es adversidad. El tráfico está horroroso
E son nuestras creencias o expectativas. Frecuentemente irracionales. “No me puede estar pasando a mi …” Pues si, a ti y a todas las demás personas que están atrapadas y llegarán tarde.
C son las consecuencias. Te enfadas, frustras o deprimes. En muy pocos casos puedes cambiar A, pero si lo puedes hacer con E. Y esto cambiará las consecuencias (C). ¿Cómo?
D. Identifica tus creencias irracionales. ¿Quien te aseguro que la vida sería como tu quisieses? El tráfico está ahí y ¡empeorará! Y lo mejor de todo es que sobrevivirás a él.

En definitiva se trata de identificar las creencias que sustentan los “debería”. Ahí radica el problema. Podemos querer, gustarnos o desear ¡claro! Nadie sugiere que seamos unas personas poco emocionales. Se trata, como hemos comentado en infinidad de ocasiones, de conocernos. De aceptar el normal devenir de la vida. De no intentar cambiarlo todo a nuestra conveniencia. Porque, además de no poderlo conseguir, es precisamente lo contrario del cambio personal. El verdadero, el cambio genuino, consiste en la aceptación, en la incorporarnos a la vida como parte de su caudal. Y no como un dique.

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2 pensamientos en “¿Frustración?

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