Mindfulness en pocas palabras

Mindfulness es una habilidad y como tal puede ser entrenada. A través de los ejercicios y meditaciones se adquiere un mayor manejo de la habilidad, ese es el sentido de la palabra entrenar. Si nos centramos en nuestro propio cuerpo, o en el momento presente, o en la respiración, solamente una vez a la semana, perderemos la capacidad de estar con nosotros mismos, de conocernos. Pero si entrenamos esta auto-observación, si aumentamos la cantidad y la calidad de las veces que estamos con nosotros mismos, seremos capaces de conocernos, y de esta manera conocer mejor cómo movernos en el entorno que nos rodea. Conectar con uno mismo es la principal consecuencia de los ejercicios y meditaciones que proponemos.

¿Qué se hace cuando se medita? Nada del otro mundo. La idea es sencilla: estar con uno mismo. Para ello se utiliza la Atención Plena, esto es, ocupar toda nuestra atención en diferentes aspectos (nuestra respiración, nuestro cuerpo, los sonidos, los pasos al caminar, los sabores…). En los momentos de despiste, aprender a volver al momento presente. Por ejemplo, si yo estoy centrado en el sabor de la comida que estoy comiendo, no tiene sentido que piense en lo que voy a cocinar para la próxima comida. Mindfulness nos entrena a ser capaces de volver al momento presente, disfrutar de lo que nos sucede en lugar de agobiarnos por errores pasados, o hipotéticas situaciones futuras. Mindfulness es estar en el presente con uno mismo.

Pero ¿me ayuda a superar mis problemas? Esto es como preguntar si entrenar nos ayudará a ganar una carrera. En cierta forma aumenta las probabilidades de que ganes, pero si no das todo a la hora de correr, si no entrenas con ganas, sin esfuerzo es imposible.

Mindfulness es tener el cuerpo y la mente en una disposición que hace nos hace más realistas frente a los problemas que tenemos, sustituye la frustración por realismo y nos posiciona mejor para tomar decisiones y resoluciones. Este realismo es otra de las principales características de esta filosofía: la Aceptación. No juzgar la experiencia como buena o como mala, sencillamente verla como si fuese la primera vez que la observamos.

Volviendo a la metáfora de la carrera, si mientras corremos notamos el cansancio podemos alarmarnos y pensar “no voy a poder”, o podemos prestar atención plena a esa sensación, y aceptarla sin juzgarla, pensando “voy a convivir con esta sensación”. Seguramente el resultado de la carrera sea muy diferente.

¿Para qué sirve esta habilidad? En un sentido estricto no “sirve” para nada en concreto, pero a su vez tiene una enorme influencia en nuestra vida, cada persona puede utilizar el

Mindfulness según sus necesidades y situaciones. Habrán personas que la utilicen para “parar la cabeza” que le va a mil por hora, otras querrán relajar su cuerpo, algunas tendrán un dolor crónico, o alguna molestia permanente con la que tienen que aprender a convivir, también habrá personas que quieran conocerse a sí mismos, aprender a agradecer las cosas que le suceden, o simplemente hacer una pausa en medio del ajetreo diario.

No obstante, no es adecuado tener unos objetivos concretos, como ya hemos comentado. Lo ideal es aceptar la práctica del Mindfulness como lo que es, un camino, un aprendizaje.

Este aprendizaje influirá en nuestra vida de diferentes maneras, pero no hay que establecer estrictamente cuales, ya que nos frustraremos cuando esto no se cumpla.

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