Vergogna

No cierren la salvación de las personas dentro de las constricciones del legalismo. El derecho está orientado a la salvación del hombre
Papa Francisco

Puede resultar difícil de admitir, pero es así. Vergüenza. Esa es la palabra que nos debe hacer reaccionar. No hablo de quedarnos en ella. Más bien en su utilización como un disparador que nos devuelva a la realidad. A la de muchas personas que, huyendo del horror, están dejando sus vidas en el mar. O en tierra. Para el caso es igual.

Existe un fenómeno en psicología que define esta a circunstancia. Como conseguimos aislarnos de nuestra responsabilidad como individuos, en una tragedia que viven multitud de seres humanos y, no verlo. Probablemente lo hacemos por auto protección emocional. Por evitar un sufrimiento que anticipamos pueda ser terrible si no dejamos llevar por el dolor que nos causa. Y de esto se aprovechan muchos. Especialmente aquellos que decidieron, con el permiso de todos, que la deuda, los bancos, la especulación, estaban por encima de las personas.

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La razón para esto es que el cerebro tiene un mecanismo para ayudarnos a lidiar con las tragedias, pero no comienza a funcionar a menos que la situación sea lo suficientemente terrible. En la vida diaria, son las molestias irritantes las que nos hacen miserables y no las tragedias. Esto se llama la paradoja de Region-Beta. Así es, podemos acostumbrarnos más rápidamente a continuar la vida sin un dedo, que hacerlo a desayunar en otro lugar al que desayunábamos siempre porque cerraron nuestro local favorito. ¿Increíble no?

Esta paradoja, unida a la difusión de la responsabilidad, que nos hace pensar que no somos responsables ya que son otras personas las que deben solucionar estas tragedias ¡para eso les pagamos! En alguna otra ocasión hemos hablado de este fenómeno psicológico, que puede conseguir que nuestra sensación de responsabilidad ante actuaciones deplorables que se llevan a cabo desde una multitud, se diluya.
Por esto el título de hoy. Vergüenza. Que espero nos sirva para desactivar estas protecciones psicológicas y consiga que se reactiven la necesaria empatía y compasión que exigen circunstancias como las que estamos viviendo, a pocos kilómetros de nuestras fronteras.

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