¿Qué nos hace infelices?

Los expertos han descubierto que el cerebro humano tiene una serie de mecanismos extraños, que sabotean nuestros intentos de ser felices.

1. Pensamos que la felicidad es para los estúpidos
Crea una imagen en tu mente de una persona perfectamente feliz. Probablemente te imaginaste a alguien que siempre está sonriendo y saludando a extraños, bailando en la lluvia solo porque se les da la gana—ya sabes, aprovechando los pequeños placeres de la vida, no preocupándose demasiado del resto del mundo. Probablemente también te imaginaste a esta persona siendo bastante infantil y un poco estúpida. En otras palabras, secretamente no piensas que sea realmente feliz—solo es totalmente inconsciente y/o sufriendo de algún tipo de trastorno cerebral. Es feliz de la misma forma en que un bebé o un perro es feliz: porque no conocen nada más.
En realidad, hay dos maneras en las que podemos pensar en nuestras vidas: la auto reflexión, que nos hace más sanos y felices, y la rumiación que nos hace estar pensando constantemente en todas las formas en que somos miserables.

2. Pensamos que el optimismo significa ser ilusos
La mayoría de las personas parecen no entender qué es el optimismo. No se trata de ignorar la realidad, sino aceptarla. Aceptar que la situación puede ser un desastre, y aferrarse al hecho de que es absolutamente posible sobrevivir a algo así.
El punto es que el esfuerzo, y la convicción de poder alcanzar ciertos resultados, sabiendo lo difícil que esto es, puede ayudarte a continuar. Así no lo logres al final. De eso se trata ser optimista.

3. Las pequeñas molestias nos enfurecen más que las verdaderas tragedias
Un video espantoso de violación de derechos humanos puede no ser más que retweeteado un par de veces, pero un pequeño problema en un videojuego provoca una tormenta de amenazas de muerte. Curioso ¿verdad’
La razón para esto es que el cerebro tiene un mecanismo para ayudarnos a lidiar con las tragedias, pero no comienza a funcionar a menos que la situación sea lo suficientemente terrible.
En la vida diaria, son las molestias irritantes las que te hacen miserable y no las tragedias. Esto se llama la paradoja de Region-Beta. Así es, podemos acostumbrarnos más rápidamente a continuar la vida sin un dedo, que hacerlo a desayunar en otro lugar al que desayunabas siempre porque cerraron tu local de desayunos favorito. ¿Increíble no?

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4. Las relaciones duelen, la soledad duele más (El Dilema del Erizo)
Piensa en la última vez que alguien te hizo daño. Ese tipo de daño que no te deja nada más que hacer que aislarte, subsistir solo con helado. Incluso Freud escribió sobre esto—la intimidad, por definición, significa disminuir tus defensas, permitirte ser vulnerable. Pero una vez que ya le has permitido a alguien entrar a tu privacidad y que luego la traicionen, te hace jurar que nunca permitirás que ocurra otra vez. Y la única forma de lograrlo es aislándote.
Esto es el Dilema del Erizo: cuando hace frío, los erizos se acurrucan juntos para entrar en calor. Pero mientras más cerca están, más se pinchan mutuamente, obligándoles a separarse. Has sentido el frío de la soledad, pero también ese dulce y culpable alivio cuando tus amigos cancelan los planes, y puedes quedarte en casa. La única opción posible aceptar que todas las relaciones tienen sus momentos malos y buenos.

5. Mentimos acerca de lo que realmente queremos porque creemos que nos hace menos egoístas
La paradoja es que todos queremos parecer abnegados y tranquilos para no molestar a los nuestros. Pero en realidad esconder permanentemente lo que tu quieres, solo para sentir que estás haciendo un gran sacrificio (uno que la otra persona no tiene idea que estás haciendo) es bastante absurdo.

6. No quieres ser una carga para otros, lo que termina convirtiéndote en una carga para otros
No admitir en el momento indicado, que necesitamos ayuda puede hacer que después necesitemos el doble de ayuda. Esta es la paradoja de la dependencia, y se puede aplicar a virtualmente cualquier relación. Ser demasiado dependiente de otros—emocionalmente, financieramente, etc.—obviamente es malo. Pero negarse a admitir que necesitas a otros a veces, es aún peor. No solo para ti, pero para ellos también. En una relación, cuando una de las partes admite que necesita a la otra, esto de hecho ayuda a esta parte a funcionar mejor a largo plazo, y permitir que, progresivamente se equilibre la situación.
Los humanos son animales sociales, y no puedes escapar de ese hecho. Ser auto-suficiente no significa nunca pedir ayuda. De hecho, necesitarla de vez en cuando, ayuda a empatizar con otros. Serás más feliz y harás feliz a los demás.

Adaptado de una traducción de upsocl.com

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