Nostalgia

Algunos recuerdos se niegan a que los encierren en el tiempo o en el espacio. Nos siguen, abren una mirilla con un chasquido metálico y nos observan con curiosidad.

Nathan Filer

Seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza al escuchar o leer esta palabra, puede asociarse con la tristeza. Recordamos tiempos mejores, personas que no están, lugares que nos hicieron felices e, incluso, capacidades que teníamos hace unos años. Y esto es, precisamente, lo que ocurre, si nos quedamos atascados ahí. Nos da la bajona y no sabemos como salir de ese lugar. Hemos hablado muchas veces de la necesidad de vivir el momento presente, de disfrutar del ahora, entre otras cosas, para evitar que el pasado y sus mejores circunstancias nos atrape. Pero lo que no sabemos es la utilidad que una emoción como la nostalgia puede tener para nosotros en momentos de soledad o de perdida. Y de esto hablaremos hoy.

¿Qué es la nostalgia y como nos afecta? Si seguimos la definición que nos da el psicólogo social, C. Routledge, en Scientific American:

Básicamente, la nostalgia es una emoción que experimentamos todos, probablemente varias veces a la semana. Puede provocarlo una canción, un olor o ver a un antiguo amigo. Se forma, principalmente entre nuestros 12 y 22 años, la edad en la que se forma nuestra identidad

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Hay estudios recientes que muestran como la nostalgia, bien manejada, puede ser beneficiosa de muchas formas. Puede incrementar la autoestima, ayudarnos a encontrar significado en la vida en incluso, combatir la soledad. Estos estudios, publicados en la revista de Personalidad y Psicología Social, sugieren que la nostalgia puede hacernos más optimistas respecto al futuro o ayudarnos a afrontar estados mentales negativos. Es una forma, entre otras, que tenemos las personas de hacerlo. Todo dependerá de que recuerdos evoquemos. Son aquellas que nos ayudan a sentirnos ubicados de nuevo en el mundo, que nuestra vida tiene sentido, que pertenecemos a algo. Vemos la nostalgia como un recurso psicológico que nos sirve para conjurar esos momentos en los cuales podemos sentirnos solos o tristes. Es paradójico, pero la nostalgia puede servir para todo lo contrario que pensábamos.

Todo sea dicho. depende del tipo de memorias que traigamos, cómo lo hagamos y cuanto tiempo. La nostalgia es genial para ciertos momentos, especialmente cuando evoquemos memorias positivas. Si las memorias son positivas, las utilizamos durante el tiempo adecuado y nos sirven para seguir adelante o enfocar nuestro presente de una forma más constructiva, estaremos haciendo un uso adecuada de ello.

Sin embargo, si la nostalgia es una forma de lamentarnos de que cualquier tiempo pasado fue mejor o para justificar no hacer nada en el ahora, su uso será más bien, contraproducente. Puede, incluso hundirnos todavía más.

De esta forma podemos hablar de una nostalgia positiva y de otra negativa. Esta última se asocia más con la perdida, con no tener a nuestro lado a personas queridas o no poder ser o estar como pensábamos que nos encontrábamos mejor. La nostalgia positiva puede, utilizando los mismos recuerdos, hacernos revivir el amor que teníamos hacia las personas que no están o las situaciones en las cuales nos sentíamos valiosos. Esto último nos hace ver el presente como una evolución, nos ayuda a aceptarla, y a disfrutarla.

Como recoge Sonia Lyubomirsky, investigadora de psicología positiva, todo depende como lo decidamos recordar, en que nos enfoquemos, para que la nostalgia sea útil. Si recordamos los días de nuestra juventud ¿pensamos en lo bien que lo pasábamos? o por el contrario ¿nos centramos en que ya no somos jóvenes?

Entonces, podemos decir que todo depende como interpretemos nuestra nostalgia. Si la usamos como un reservorio de recuerdos positivos, podemos afirmar que la estamos utilizando para mejorar nuestro presente. Si, por el contrario, lo hacemos para constatar lo desgraciados que somos en la actualidad, es totalmente contraproducente. Por supuesto, cuando recordamos algo o alguien que no está, tenemos esta dualidad en nuestra mente. Estar agradecidos porque sucedió o apenados porque se acabó es lo que distingue el efecto que tendrá sobre nosotros.

Y, en cierta medida, también determina la forma en que nosotros decidimos manejar nuestra vida.

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