El Poder del Deporte

El deporte delega en el cuerpo alguna de las virtudes más fuertes del alma:

la energía, la audacia, la paciencia.

Jean Giraudoux

Cuando pensamos en las ventajas de la práctica deportiva, lo primero que se nos viene a la cabeza son los beneficios físicos, como la pérdida de peso o la mejora de nuestro tono muscular. Pero lo cierto es que la investigación muestra que participar en deportes o hacer ejercicio, ayuda tanto a tu mente como a tu cuerpo.

Entre otras muchas ventajas “psicológicas” de la práctica deportiva, están la mejora de nuestro estado de ánimo ¿Quieres un chute de alegría o relax? Haz ejercicio. Sea practicar deporte, ir a un gimnasio, o caminar animadamente, la actividad física estimulará tu química cerebral y te hará sentir más contento y relajado. En particular, los deportes de equipo o la práctica deportiva en grupo, facilita que se nos “desenrede” el cerebro, implicándonos en algo que exige nuestra atención. Si a esto le añadimos las ventajas de conectar con otras personas que comparten nuestra pasión, los efectos se multiplican.

Por otro lado -y es algo que no solemos ser conscientes-, la práctica deportiva es uno de los mejores métodos para mejorar nuestra concentración. Nos ayuda a mantener nuestras habilidades mentales en forma, a pensar más rápido, a consolidar lo que estudiamos e, incluso, a mejorar nuestro juicio. Es como si al movernos, nos desprendiéramos de líneas de pensamiento superfluas o que interferían con nuestros procesos mentales.

surf

La actividad física mejora, enormemente, la calidad de nuestro sueño. Facilita que nos durmamos más rápido y más profundamente. Ayuda a sincronizar nuestro cansancio mental y físico, y nos procura un sueño pleno, con los beneficios que esto conlleva en nuestro quehacer diario. Una sola precaución, no practiques deporte o hagas ejercicio poco antes de ir a dormir. El efecto sería el contrario. Nuestras endorfinas están a pleno rendimiento, y no nos van a dejar dormir hasta que sean conscientes que ya no son necesarias.

Y precisamente es este aspecto de la práctica deportiva, la que está íntimamente relacionada con la reducción del stress o la depresión. El deporte nos saca de bucles negativos de pensamiento y nos hace ser más creativos y positivos en la forma de abordar los retos diarios. El ejercicio reduce los niveles de hormonas estresoras, como la adrenalina y el cortisol. Esto junto con la producción de endorfinas, provoca un cambio sensible en personas que pueden estar sufriendo de trastornos ansioso-depresivos.

Por último, la evolución o mejora inherente a cualquier práctica deportiva o ejercicio regular, dispara nuestra confianza en nosotros mismos. Estamos logrando objetivos, día a día. Nos sentimos mejor y somos nosotros quienes lo estamos haciendo. Motivación interna en grado total. ¿Qué más se puede pedir?

En definitiva, podríamos estar horas hablando de lo que significa practicar deporte o hacer ejercicio para cada uno de nosotros. Todos tenemos nuestra propia experiencia. Y ese es el poder que tiene. El que surge de nuestro interior, producido y ganado por cada uno de nosotros. Porque, en el fondo, esto es lo más potente, su fuerza íntima, personal.

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