Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo.

Séneca

Lo curioso de los secretos es que son cuestiones que buscan como ser expulsadas de la mente, como si el solo hecho de contárselo a alguien tuviese efectos beneficiosos para el que los revela.

Admás resulta interesante que al contarlos no andamos buscando consejo alguno. Es más el consejo, si se produjera, causa un intenso malestar y confusión en el que lo cuenta, que sólo busca su expulsión o su revelación. Y no vale cualquier tipo de revelación, sino que ha de ir dirigida a alguna persona, no vale para este cometido contarle secretos a la pared o al perro. Ha de ser un interlocutor humano, divino o literario.

Ahora bien, ¿por qué guardamos secretos?

Lo cierto es que en esta cuestión hay dos tipos de secretos, aquellos que nos afectan a nosotros mismos o aquellos que afectan a otros. Naturalmente los secretos que afectan sólo a otros no plantean ningún tipo de contradicción, se guardan y ya está. El secreto médico por ejemplo no plantea ningún problema al médico, puesto que en realidad no le involucra a él mismo.

imgresEl problema de guardar secretos procede del hecho de que al revelarlo se pierdan apoyos y simpatías a largo plazo. El desvelar algún secreto puede acarrear la exclusión social, la antipatía, la aversión o la condena. Los secretos se guardan por lealtad o miedo, pero también como protección para evitar males mayores.

Pero el secreto pugna por emerger. Podríamos decir que existen agentes cerebrales que quieren desvelarlo y otros que luchan por mantenerlo oculto. Hay como una guerra entre dos bandos que pelean por mantener el control.

Porque lo cierto es que hay algo en el secreto que nos impulsa hacia su revelación. Es como si guardar secretos fuera una pesada carga que no todo el mundo puede acometer. La razón es que el secreto puede ser dañino para el cerebro que lo guarda, pero que también se enfrenta a otras instancias cerebrales que juegan con objetivos contrarios, usualmente medrar u obtener un plus de excitación, pues qué duda cabe que desvelar un secreto es muy placentero, si uno tiene quien le oiga, claro.

Adaptado de psicología del secreto

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