Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.

Gregorio Marañón

Puedo imaginar que la mayoría de nosotros tenemos unas cuantas respuestas para la pregunta de hoy. Muchas serán muy particulares, otras se pueden referir a un aprendizaje profundo, otras a golpes que nos han ayudado a ver las cosas de una manera diferente. La vida te enseña, dicen. Siempre que estés dispuesto a aprender, añado.

Pero, si dedicamos un tiempo a repasar aquellas cosas que nos han hecho crecer como personas, esos momentos o experiencias en las cuales sentimos que hemos cambiado, tendremos que indagar un poquito más. No somos conscientes de lo hemos aprendido, pero ahí está. Y si lo reconocemos, lo traemos a nuestra consciencia, seremos mucho más felices.

Les comento, a continuación, algunas de estas. Seguro que podrán añadir unas pocas más ¿se animan?

No nos debe preocupar lo que otras personas piensen, de lo que decimos o hacemos. Esto puede tener muchos matices, es cierto. Pero nuestras mejores elecciones las hacemos basándonos en nuestro propio criterio. En absoluto significa que no nos debe importar lo que opinen las personas que nos quieren o aquellas que consideramos como maestros. Pero quien toma las decisiones en nuestra vida somos nosotros. Y nadie más.

Si están condicionadas por las opiniones de los demás, nunca conseguiremos arrancar o, lo que es peor, nos podremos encontrar en un camino que no reconocemos como propio. Es sencillo, lo que nos ayude vale la pena escucharlo, lo demás no.

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Apoya a quien te apoya. O si lo prefieren de otra forma, quiere a quien te quiere. Y además tiene su reverso. No trates de complacer a todo el mundo ¡no es posible! Y, yendo un poco más lejos, ¡no todas las personas lo merecen! Si, soy consciente que puede sonar duro. Pero veámoslo de esta otra forma. Si pierdes tu energía en quien no está para cuando le necesitas ¿qué energía te va a quedar para los que si están?

Prepárate siempre para lo peor, eso nos dicen. Y puede ser un magnífico consejo si estamos organizando una expedición, en la que debemos considerar todas las posibilidades. Cuando esta actitud se convierte en esperar lo peor y desear, con esperanza, que ocurra lo mejor, nos introducimos en un terreno peligroso que pone en manos de otros nuestra vida. Prepararse para lo peor nos puede conducir a un permanente estado de estrés, de alerta que, en casos extremos, puede llegar a paralizarnos y convertir la situación en una profecía autocumplida. Al pensar en lo peor, de alguna forma, estamos haciendo que ocurra.

Lo peor puede ocurrir. Asumiéndolo, puede conducirnos a temer el futuro, a no querer que nada cambie a no tomar ningún tipo de riesgo, por mucho que pueda valer la pena. La versión coloquial de este aprendizaje es ¿Para qué vas a salir de tu zona de confort, si la conoces tan bien? Puede que no te guste, que no te haga feliz, pero la manejas y es tuya. Quedémonos quietos en ella. Una magnífica forma de aburrirnos y no avanzar en nuestra vida ¿es lo que queremos? Me da que no ¿verdad?

Tratemos de estar felices, incluso cuando estamos tristes. Pues no, no es así. Esta es una de las grandes diferencias que existen entre un planteamiento positivo de la vida y una positividad forzada e irreal. La vida nos va enseñando que hay momentos tristes, situaciones duras que nos van a doler. Negarlo con una sonrisa es posible, pero nos aleja de la realidad.

La verdad es que no podemos estar felices todo el tiempo. Intentarlo nos va a conducir a frustración cuando nos encontramos tristes o pasamos por momentos duros en la vida. La aceptación de las circunstancias de lo que nos ocurre, conscientemente, es la opción más viable. Nos ayuda a entender la vida y a disfrutar plenamente de los momentos de felicidad. Créanme, esto marca la diferencia. Una vez comprendemos que es algo natural y que afecta a todos los humanos, lo superamos antes, y nos ayuda para una próxima ocasión.

Se amable. Lo ideal es que pudiésemos hacerlo siempre. Y seguro que lo intentamos. Pero, en ocasiones, simplemente, no es posible. La amabilidad en nuestras relaciones es algo muy deseable, y debe ser nuestra forma de actuar por defecto. Pero, a veces, puede ser confundida con conformidad o debilidad. Y esto no es bueno. En ocasiones, requerimos un cierto grado de firmeza para expresar, asertivamente, lo que queremos o creemos. Y esto no es malo.

Quizás la respuesta adecuada a la pregunta propuesta es, “todavía estoy aprendiendo”, pero un repaso, de vez en cuando, a lo que hemos hecho hasta ahora nos permita modificar aquello que nos gustaría y, lo que es más importante, mejorar aquello en lo que nos va bien.

Un pensamiento

  1. Muy intereante. Hay datos o fomas de actuar que tengo conocimiento de ellas, pero aun asi, muchas veces me resulta imposible recordarlas o realizarla en elmomento. Es como si mi cerebro y yo me quedaria bloqueada. Seguramente, nos pase a mas de 1. Gracias recrearme la memoria

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