El único cambio imposible de realizar es el que uno mismo no quiere hacer

Un nuevo estudio ha hallado que los adolescentes que creen que las personas pueden cambiar afrontan mejor los retos de la enseñanza superior. Por otro lado, aquellos que creen lo contrario, que la personalidad es algo fijo e inmutable, obtienen peores resultados, sufren de más stress y tienen peor salud física.

Esta edad es definitoria para la formación de nuestra forma de pensar. Este era el punto de partida de este estudio, que comprobó como aquellos que creían en la posibilidad de cambio, al principio de sus años de estudios superiores, al final de este período eran más capaces de lidiar con su stress y mostraban una salud física y mental por encima de la media.

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El cambio personal es algo que, culturalmente, no parece estar muy aceptado. La “sabiduría popular”, está llena de frases o refranes que no lo apoyan. Y esto puede calar profundamente en nuestra forma de pensar, haciendo que nos conformemos. Pensamos que si nos toca ser de una determinada forma, es así como se desenvolverá nuestra vida. Pero es la propia vida la que se encarga de mostrarnos precisamente todo lo contrario. Vivimos rodeados de personas que se encargan de romper estas hipótesis no contrastadas. Hombres y mujeres que cambian su destino, con tesón, perseverancia e ilusión. Esta es la base del cambio. Y creérselo.

Es lo que muestran los resultados de este mismo estudio. Las personas que creen que se puede cambiar, son precisamente las que lo hacen. Parece curioso ¿verdad? ¿O no tanto?

Lo cierto es que, así como si pensamos continuamente que las cosas pueden ir mal irán mal, lo contrario es perfectamente valido también. Esto tiene un nombre. Confianza. Que debe ir acompañada, de forma inseparable, de esfuerzo. Porque esta parece ser la base del cambio real. Que lo produzcamos nosotros. Es lógico. Si las cosas cambian pero no sentimos tener ninguna responsabilidad en ello, para bien o para mal, difícil será que pensemos que nosotros tenemos algo que ver en ello. Más bien se lo achacaremos al azar. Y seguiremos pensando que nada depende de lo que nosotros hagamos.

Podemos discutir por horas la enorme cantidad de cosas que no se pueden cambiar. En algunas incluso, podríamos estar de acuerdo. Pero hay algo que parece ser fundamental para conseguir variar el rumbo hacia nuestro propio cambio, hacia nuestra felicidad: La actitud.

Si mantenemos una actitud sumisa y conformista ante la vida, donde todo lo que nos ocurre, bueno o malo, es responsabilidad de otros, el grado de control que sentiremos sobre nuestra existencia será ínfimo.

Por otro lado, si pensamos en que parte de lo que ocurre tiene que ver con la forma en que lo vemos o como actuamos iremos, progresivamente, sintiendo que somos los protagonistas de esta película que es nuestra vida. Y además, seremos más felices.

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