Como cualquier otra enfermedad, la depresión puede curarse, para que las personas sean felices. 

Albert Ellis

No es la primera vez que nos ocupamos de la depresión. No será la última. Puesto que es uno de los trastornos más comunes en salud mental, conocerla es esencial para los que nos dedicamos a ella. Y también lo es aclarar lo que es al público en general. Se lo debemos a quiénes la sufren.

Las personas deprimidas se sienten indefensas, sin esperanza, sin valor y con la sensación de que no pueden controlar sus vidas. La depresión es un trastorno complejo, que no es sencillo de tratar y, especialmente, que no es fácil de soportar por quien lo sufre y sus seres queridos. No se trata de la tristeza o el pensamiento de que nada tiene significado; es un entramado de circunstancias emocionales que atrapan a quién la sufre y le sumen en un pozo del que difícilmente ven la salida.

Les propongo una revisión de algunos de los aspectos más comunes que comprende este desorden mental para intentar acercarnos un poco más a su entendimiento.

running-to-overcome-depressionSin metas. La persona que está deprimida tiene la tendencia a generalizar y aislarse (siempre es igual; total, a mí que me importa …). Y esta es la causa de sus continuas desilusiones.

Se plantean metas más generales (quiero ser feliz) que quienes no sufren una depresión. Es una meta que no viene con instrucciones, y que no incluye un plan para conseguirlo. Es un objetivo abstracto que se ve con una solución “milagrosa”.

Quién no está deprimido diría, por ejemplo: “tengo que llamar a mis amigos más a menudo para no perder el contacto”. Es un objetivo alcanzable.

Pensamientos recurrentes. Es uno de los síntomas más importantes de la depresión. Los pensamientos negativos no paran en nuestra cabeza. Es muy difícil librarse de ellos.

Y no es tan sencillo como decirle a la persona que deje de hacerlo. Es inútil e incluso contraproducente. Es un hecho que ocurre. Y debemos enseñar a la persona a pensar de otra forma para contrarrestarlo.

La utilización del mindfulness puede ser muy útil. Ayudará al paciente a dejar de pensar en los errores pasados o en las incertidumbres futuras, situándolo en el día a día.

Memoria. Es uno de los síntomas menos conocidos de la depresión, su efecto sobre la memoria. Quién la sufre tiene dificultades para retener nombres y lugares. Una de las causas por la que puede ocurrir es debido a la tendencia a la generalización. Al no ser capaz de diferenciar entre cuestiones similares –todo les parece igual-, resulta complicado recordar aspectos concretos de los recuerdos.

Un aspecto todavía más específico de la incidencia de la depresión es la dificultad para recordar los buenos momentos. Al ser necesaria la utilización selectiva y la clasificación de los recuerdos, el paciente simplemente no lo hace. Convierte todo lo que ha pasado en algo uniforme, generalmente triste.

Una interesante técnica para conseguir cambiar este aspecto es crear un “palacio de la memoria”. Un lugar en nuestra mente donde almacenemos nuestros recuerdos agradables y podamos acudir cuando sea necesario a cargarnos de “energía positiva”.

Realismo depresivo. Este es un aspecto en el que las personas depresivas parecen tener las cosas más claras que el resto de la población. O al menos, más ajustada a la realidad. Podríamos decir que la tendencia optimista de la que carece quién está afectado por este trastorno, les hace ver la realidad tal cual es.

Por desgracia, esta capacidad viene acompañada de la certeza de que no se puede hacer nada por cambiar la situación. Al no tener la “chispa positiva” necesaria para hacerlo, simplemente bajan las manos y ni se lo plantean.

Dolor físico. Es otro de los aspectos que distinguen a esta dolencia mental. La tolerancia al dolor físico disminuye. La explicación parece ser que se experimenta el mismo con una marcada carga emocional. Al dolor físico en sí, se le añade un componente negativo mental que lo hace más insoportable y difícil de superar.

Forma de pensar. Si hay algo que caracteriza a la depresión es esto. La mayoría de nosotros podemos pensar que las personas caen en ella debido a lo que han sufrido en su vida. Esto es cierto en parte. Pero es todavía más preciso decir que depende de cómo las personas reaccionan ante estos eventos. Y también como lo hacen a los obstáculos y estresores diarios.

La importancia de la estilo de pensamiento, además de la genética y las circunstancias componen la forma que tenemos de abordar nuestros problemas. Cambiarlo forma parte del tratamiento de esta enfermedad mental.

Por último, no debemos olvidar que la depresión es un trastorno serio, que requiere, además de un tratamiento profesional adecuado, la comprensión y la ayuda de las personas que componen el núcleo emocional del enfermo.

Estar deprimido no es estar triste.

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