Nada se quiere sin haber antes conocido; hay que corregir diciendo: nada se conoce sin antes haberlo querido

Miguel de Unamuno

Imagina que has cometido un gran error, algo que supondrá mucho trabajo extra para enmendarlo y que además necesitará que los demás dejen lo suyo para resolverlo. O que, en un momento de despiste o ensoñación, se te escapa una burrada en una reunión importante. O simplemente, has olvidado que hoy era tu aniversario.

Estos ejemplos y muchos otros que se nos puedan ocurrir, nos ocurren a todos a lo largo de nuestra vida de forma más o menos común.

Muchos reaccionamos castigándonos por los errores. Nos odiamos, hacemos todos los esfuerzos posibles para conseguir auto infligirnos un castigo que consiga compensar el tremendo error que estimamos haber cometido.

En pequeñas dosis, esta autocrítica puede ser muy positiva. Nos hace ser conscientes y responsables, pero de una forma excesiva puede provocar el efecto contrario, debilitarnos y vencernos.

¿Qué es lo que podemos hacer? Los investigadores han comenzado a analizar la importancia de la “autocompasión”, tratarnos con cariño y comprensión cuando cometemos un error o pasamos un mal trago, en nuestra calidad de vida y nuestra autoestima.

En otras palabras, independientemente de si te consideras alguien muy competente o no en una determinada ocasión, respetarte como lo harías con otra persona debe ser lo mínimo que se despache. La autocompasión es similar a la autoestima en cierta forma, pero al contrario de esta última, tiene que ver más con como te tratas a ti mismo que con como te juzgas.

Por ejemplo: “He cometido un error, vale – nadie es perfecto. Lo haré mejor la próxima vez”.

love-yourself

Las investigaciones  llevadas a cabo por Kristin Neff en la Universidad de Austin en Texas, sugieren que esta actitud está asociada con resultados positivos, tales como una mayor resiliencia o capacidad de encajar situaciones dolorosas, un mayor bienestar mental, y una reducción de los síntomas de la ansiedad y depresión. Aunque la autocompasión puede parecer un poco egoísta, los estudios confirman además como su práctica facilita la empatía con los demás, como afirman tesis llevadas a cabo por neuroimagen.

¡Fantástico! Debes estar pensando, ¿cómo lo hago? Porque es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Cambiar la forma de relacionarnos con nosotros mismos es, al menos, tan difícil como cambiar la forma de relacionarnos con los demás. Es algo que tenemos que trabajar duramente para conseguir.

Siguiendo los consejos de Psych your Mind podemos tener varias opciones para querernos más.

  1. Cambiar nuestra perspectiva. Resulta más sencillo ser compasivos con los demás que con nosotros mismos. Para hacerlo basta con imaginar que alguien que apreciamos esta en nuestra piel. ¿Qué le diríamos? Otra opción es pensar en lo que nos diría alguien que nos aprecia.
  2. Quiérete como lo haría tu padre o tu madre. La forma en que nos debemos tratar se asemeja a lo que hacemos con nuestros hijos. Les apoyamos y les queremos pero también somos críticos y severos. Es esta combinación la que funciona si queremos mejorar la forma de acercarnos a nosotros mismos con respeto y con amor.
  3. Identifica las fuentes encubiertas que te hacen daño. Conductas autodestructivas como ejercicio excesivo, conducción temeraria, consumo de drogas o alcohol, son algunos ejemplos de los mecanismos que utilizamos para anestesiar nuestra insatisfacción con nosotros mismos. La vergüenza y la culpa son algunos de los pensamientos que subyacen a estos castigos. Tratemos de sustituirlos con pensamientos más constructivos y positivos.
  4. La culpa no siempre es mala. No estamos hablando de una especie de indulto por adelantado para todo aquello que hagamos mal. Sentir culpa o responsabilidad por algo que debíamos o podíamos haber hecho mejor es bueno. En su medida y siempre que implique un análisis orientado a hacerlo mejor la próxima ocasión. No caigamos en la complacencia.

En definitiva se trata de mostrar el mismo respeto hacia nosotros que nos gustaría que nos mostrasen los demás. Es un ejercicio que conduce a conocernos mejor, a querernos y de rebote, a querer a los demás.

4 pensamientos

  1. La verdad que hay que ser más compasivo con uno mismo,pero en mi caso soy muy dura conmigo y me reboto,lloro,pataleo.Cuando me calmo intento seguir,no abandonar lo que he hecho mal,pero mi autoestima se ha resentido y al tiempo me vuelve las inseguridades cuando vuelvo a cometer un error.
    Seguiré intentando mejorar,gracias por tus publicaciones,me ayudad.

    1. Todos lo hacemos Sole. Lo que debemos es ser conscientes de lo poco que ayuda a conseguir mejorar. La autoculpa nos paraliza y nos coloca en una situación de inseguridad.
      Si fuéramos capaces de utilizar nuestros errores para aprender de ellos en lugar de machacarnos, sería algo genial ¿no crees?

  2. Sí, el equilibrio… no tan fácil. Después de 12 años de psicoanálisis, sigo repitiendo patrones de conducta autodestructivos. Cansa, pero es verdad, de nada sirve autoflagelarse, aunque los años pasan y uno se pregunta si corregirá a tiempo…

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