El poder corrompe, pero solo a aquellos que creen merecerlo
Lord Acton

Son tiempos convulsos. Se pide continuamente a los ciudadanos comprensión con las medidas que se toman para salir de este agujero socioeconómico y, por otro lado, vemos como algunos responsables políticos utilizan sus cargos para beneficio privado.

No es sencillo explicar que es lo que pasa por la cabeza de alguien que se corrompe.

Quizás no tenemos que ir muy lejos para entender que es lo que ocurre. Basta con examinar nuestra propia conducta y preguntarnos cuántas veces nos hemos saltado las reglas. Cuántas veces simplemente las hemos utilizado en provecho propio cuando nos ha tocado una pequeña parcela de poder. Parece algo lejano, pero cuando lo vemos a nuestro lado, resulta más sencillo entenderlo, que no aceptarlo o perdonarlo.

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Pero, ¿qué puede aportar la psicología para comprender este fenómeno? Dos investigadores, J. Lammers y A. Galinsky, publican en Psychological Science, las conclusiones de una serie de experimentos relacionados con el poder.

Los autores intentaban provocar estados de “sensación” o de “ausencia” de poder en la mente de los voluntarios que participaron en el estudio, con el objetivo de examinar su “flexibilidad moral”.

Tras una serie de complejos experimentos concluyen que los “poderosos”, que creen merecer dicho poder, se aíslan rápidamente de sus convicciones previas y actúan hipócritamente, saltándose las reglas para conseguir aquello que desean, y castigando severamente a aquellos de sus subordinados que también lo hacen.

Sin embargo, y los autores lo ven como intrigante, los “poderosos” que no creen merecer la posición que ostentan, muestran todo lo contrario. Son mucho más intolerantes con sus propios errores y con aquellas personas bajo su responsabilidad.

Los autores denominan a los primeros “hipócritas morales”, que traducen “privilegio” como “ley privada” y se sienten autorizados a diferenciar entre lo que es exigible a ellos y a los demás.

Estas personas argumentan que con poder sienten que pueden romper las reglas, no solo por que tienen la posibilidad de hacerlo, sino porque, en cierta forma, tienen derecho a hacerlo.

La explicación de aquellos que sienten no estar en el lugar que merecían parece menos obvia. Puede ser que mostrarse más rígido les permita permanecer en el “club de los elegidos” o simplemente es una señal de sumisión a los que perciben como verdaderos propietarios del poder.

Lo que sí parece estar claro, y es algo que sustentan diversos estudios, es que la diferencia entre los que perciben el poder como una oportunidad frente a los que la perciben como una responsabilidad, guarda una estrecha relación con la corrupción.

Por cierto, el estudio citado se subtitula: Moralizando en razonamientos, corrompiéndose en comportamientos. Buen resumen, ¿no creen?

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