Nos movemos en una realidad social confusa. Muchos valores o presupuestos que suponíamos inalterables ya no lo son. Es muy probable que, si miráramos lo que ocurre en la actualidad con los ojos de hace unos pocos años, nos indignaríamos o, simplemente, dudaríamos de su verosimilitud.

Y ¿cómo lo podemos estar aceptando sin más?

Un conocido truco psicológico para obtener aquello que queremos es la técnica del “pie en la puerta”. Antes de pedir lo que realmente necesitas, pides algo pequeño, en muchos casos poco relacionado con lo que de verdad pretendemos. Una vez acepten nuestra petición “pequeña”, tendremos a alguien mucho más predispuesto a aceptar lo más grande.

Un nuevo estudio llevado a cabo en la Universidad de California aborda este concepto desde una nueva perspectiva. Examinan como comprometernos inicialmente a ayudar a alguien, puede conducirnos a una escalada gradual de aprobación de sus acciones.

Los autores querían saber, específicamente, como aprobar las propuestas iniciales (y acordes a nuestros valores en cierta medida) puede conducir a una relajación de la desaprobación de progresivos actos inmorales.

Su hipótesis de trabajo planteaba que cuando una persona juzga un acto inicial como relativamente benigno y, gradualmente se va convirtiendo en algo atroz, será más tolerante que si viese directamente la actuación final.

En una de las propuestas del estudio, se dividió a los participantes en dos grupos, que debían juzgar una violación. A un primer grupo se les contó una historia en la cuál víctima y agresor, quedaban para salir a tomar una copa, charlaban amigablemente y, tras decidir la víctima irse a casa porque se hacía tarde, el agresor abusaba de ella.
Al segundo grupo se le contaba la agresión en primer lugar y se le proporcionaba datos sobre las circunstancias de forma telegráfica y accesoria.

Los resultados muestran como el grupo que recibió el relato completo y novelado era mucho más “comprensivo” y justificaba, en cierta forma, lo ocurrido, llegando a poner en duda la calificación de la situación como violación. Para el segundo grupo no había duda de lo atroz del acto y de la culpabilidad del agresor.

Estos hallazgos no son nada tranquilizadores y nos permiten dar una certera explicación de cómo podemos estar permitiendo situaciones absolutamente intolerables sin apenas reaccionar a ellas. Si hace unos años nos dijeran, por ejemplo, que están echando a gente de sus casas o que familias enteras acuden a comedores sociales, sin haber vivido la psicosis de la crisis, nos parecería algo intolerable. Sin embargo en la actualidad, parecemos estar viviendo estas circunstancias como consecuencias, olvidándonos de la desesperación de quien lo sufre.

 

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