Hace ya unos cuantos años que esta afirmación (sin interrogante), me persigue. Parece que se admite por todo el mundo, que si tenemos fuerza de voluntad podemos llegar a conseguir aquello que nos propongamos. ¿Todo? Quizás esto es un poco categórico y, por qué no decirlo, injusto. O al menos bastante confuso.

Vamos por partes. ¿A qué nos referimos cuando decimos que puedes hacer todo aquello que te propongas? En Generally Thinking, nos responden que es un tributo al poder de la dedicación, la perseverancia y, por supuesto, el tiempo. Significa que estos tres pilares, en contra de cualquier adversidad sostendrán el éxito en aquello que nos propongamos. Todo lo que hay que hacer es trabajar duro durante el tiempo que sea necesario.

Esta perspectiva puede o no incluir la idea de que “todos somos creados iguales”. Puede o no conceder que a algunas personas les resulta más fácil determinadas cosas. Pero en realidad lo que nos quiere hacer entender es que, a largo plazo, ningún talento inherente o habilidad adquirida jugará un papel importante, más allá de los tres factores mencionados, en conseguir aquello que deseamos.

Es, desde luego, un planteamiento muy positivo y motivador. Nos da esperanza y nos hace un poquito más iguales. ¿O no?

El otro lado de la moneda motivacional nos propone algo diferente, no opuesto, pero si que parte de otro planteamiento. Somos diferentes, tenemos diferentes condiciones innatas, diferentes habilidades. ¿Por qué no dedicamos tiempo a descubrirlas y a potenciarlas? O dicho de otra forma ¿no será mejor conocernos, aceptarnos y entendernos para avanzar? Esto provocaría que fuésemos capaces de desarrollar aquello que “se nos da bien”, en lugar de enfrascarnos en una ardua tarea de conseguir algo para lo cuál quizás no estamos cualificados. Hablamos de características físicas, rasgos personales o formas de ser. Potenciarlos nos conducirá a sentirnos más plenos, más capaces.

Si, lo sé, hablamos de cambiar, ¿por qué nos dices ahora que tenemos que aceptarnos?¿No es eso conformarnos en cierta manera?

No. El cambio es precisamente éste, reconocernos, aceptarnos sin juzgar y no enfrascarnos en una lucha improductiva y cosmética para conseguir ser alguien que no somos.

Por eso, les propongo una revisión de la frase. La podemos dejar así.

Si te aceptas, puedes.

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