Escuchamos frecuentemente como muchas personas, respecto a otras, dicen ¡ojalá yo pudiese hacer lo mismo!. Se refieren a cambiar, a tomar el control de sus vidas, aceptándose, comprendiéndose y avanzando. Esta personas, las que “no pueden”, aducen una infinidad de condicionantes, imposibles de modificar, que entorpecen cualquier posibilidad de cambio en sus vidas.

No tengo dinero, dependo de otros, no tengo fuerza de voluntad, son algunas de las justificaciones que nos encontramos cuando proponemos cambios a aquellos que “no pueden”. Si además les mostramos ejemplos de otros u otras que, aparentemente, lo tenían todo en contra y han conseguido un cambio en su vida, encuentran inmediatamente circunstancias favorecedoras que les ayudaron y que no son aplicables a ellos.

Es precisamente este modo de pensar el que, tanto Albert Ellis, padre de la Terapia Racional Emotiva o Alfred Adler, fundador de la Psicología Individual, consideraban el mayor reto del cambio personal. El cambio positivo comienza cuando dejamos de quejarnos o protestar y nos ponemos al mando de nuestra vida.

Los profesionales de la salud mental están preparados para escuchar empáticamente y capturar la esencia del mensaje que les transmite quien acude a terapia. El objetivo es actuar como “espejos” para poder ver el problema desde una perspectiva diferente y generar respuestas alternativas.

Desafortunadamente, muchos de nosotros no somos conscientes del papel que jugamos en nuestros problemas y nos sentimos totalmente indefensos ante las consecuencias de lo que no – creemos nosotros –, es nuestra responsabilidad. Nos metemos en un bucle de autocompasión en el cuál la vida es tremendamente injusta. Tenemos un jefe que no nos aprecia, amigos desleales, una pareja poco comprensiva …. No encontramos en esta línea de pensamiento nuestra parte de responsabilidad.  No podemos hacer nada, es lo que pensamos.

La propuesta que hacen los autores mencionados anteriormente consiste en plantearnos, además de la situación en la que nos vemos como víctimas, cuál es nuestro papel en el problema que nos aflige. No se trata de culpabilizarnos, sino mas bien de adquirir la capacidad de redefinir nuestra situación en la situación que nos incomoda y así ser capaces de desatascarla.

Una buena estrategia para conseguirlo consiste en dar “un paso atrás”, metafóricamente hablando.

Intentemos distanciarnos del problema, tratando de verlo “desde fuera” y siendo nosotros mismos los que planteemos soluciones a aquello que no deseamos.

De esta forma conseguiremos una visión amplia de la situación, especialmente de la nuestra.

Para cambiar es esencial comenzar conociéndonos.

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