A todos nos ocurre con frecuencia que no encontramos las suficientes horas en el día para poder abordar todo lo que tenemos o queremos hacer. El propio balance entre obligaciones y satisfacciones a menudo es fuente de incomodidad o desazón. Si a esto le añadimos que tenemos que comer, dormir y hacer algo de ejercicio, no encontramos nunca el tiempo suficiente para sentir, al menos, un cierto control sobre nuestras vidas.

Pero ¿si fuese esto precisamente lo que nos hace sentir infelices? Esta necesidad de controlar lo que ocurre puede ser el origen de estas sensaciones. Aunque resulte paradójico, intentar controlar el tiempo puede estar haciendo, en cierta forma, que tengamos la sensación de que este pasa muy rápido.

Lo que hacemos es dedicar esfuerzos a clasificar nuestra vida en compartimentos, preocupándonos más por los minutos u horas que pasan, que por lo que estamos haciendo en realidad.

Lo se, en nuestra sociedad esto es algo que resulta inevitable. Tenemos un horario, y tenemos que ceñirnos a él. Nos asignan un tiempo y ese, y no más, el que debemos utilizar.

Sin embargo el tiempo, aunque puede ser limitado, no siempre tenemos que sentirlo así. Un reciente estudio muestra que nuestro estado mental puede cambiar la forma en la que experimentamos y percibimos el tiempo, haciéndonos sentir más felices y generosos con él.

En determinados momentos de nuestra vida, todos hemos sentido como si el tiempo se detuviese. Puede ser escuchando una pieza musical o cuando nos dimos cuenta que estábamos enamorándonos. Son experiencias que nos sobrecogen. Se genera una percepción de plenitud y, de alguna forma, nos exige alterar nuestra forma de ver el mundo para entender esta sensación.

Las autoras del estudio, citado en Psych Your Mind, sugieren que una forma de conseguir sentir que tenemos todo el tiempo del mundo (aunque no sea así), es hacer cosas que nos inspiren ese sobrecogimiento. Resulta muy sencillo quedar atrapados en el día a día, dejar pasar experiencias potencialmente maravillosas. Es cierto que en algunas ocasiones es inevitable estar condicionado por el tiempo, pero el truco parece estar en experimentar intensamente estos pequeños (o grandes) momentos de sobrecogimiento y guardarlos en nuestro interior.

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