Puede resultar algo obvio. Sonreír nos hace ser más felices. Aún diría más (Hdez y Fdez dixit), sonriamos y sonreiremos todavía más.

No en vano, los talleres de risoterapia, que aconsejo fervientemente, han proliferado en los últimos años de manera exponencial. Sonreír, reír, nos sienta muy bien.

Desde un punto de vista científico como recoge Alex Korb en Psychology Today, los investigadores conocen desde hace mucho tiempo que las emociones están acompañadas de numerosos cambios corporales como el aumento de la tasa cardíaca o la flexión del músculo cigomático mayor (es decir, la sonrisa). Pero lo mas curioso es que, recientemente, se ha comprobado que esto es una vía de dos sentidos.

Nuestro cerebro presta atención a lo que está haciendo nuestro cuerpo. Y esto afecta a nuestras emociones. Esto en principio se estudió en los músculos faciales para corroborar que si “forzábamos” nuestra sonrisa, casi de forma inmediata nuestro estado de ánimo mejoraba. Pero este efecto no solo se aplica a los músculos de la cara.

La buena noticia es que, mientras a veces es muy complicado controlar nuestras emociones, parece más sencillo controlar nuestros músculos. Y, si aprendemos como utilizar nuestro cuerpo para persuadir a nuestro cerebro, encontraremos una forma rápida de “disparar” nuestra alegría, tranquilidad o confianza.

¡Lo dicho, sonriamos hasta convencernos!

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