Nunca se miente más que después de una cacería, durante una guerra y antes de las elecciones.

Otto Von Bismarck

He escuchado todo tipo de tonterías acerca de cómo detectar mentiras. Sudor, el movimiento de los ojos, si apartan o no la mirada, son solo algunas de las estrategias que se sugieren para conseguir “cazar” a un mentiroso

Curiosamente, bajo condiciones experimentales, las personas somos bastante pobres para detectar mentiras. En estudios realizados en laboratorio, los índices más altos de detección de mentiras eran del 54 por ciento. Teniendo en cuenta que las probabilidades de acertar por suerte son del 50, éstos resultados no resultan muy prometedores.

¿Porqué resulta tan difícil averiguar si nos están mintiendo?. En una revisión de estudios, Hartwig y Bond, analizaron diferentes claves para detectar la mentira: moverse nerviosamente, cambios posturales, movimientos de cabeza o velocidad al hablar.

Lo que encuentran es que, en general, la mayoría de nosotros prestamos atención a claves correctas. Algunas de ellas son:

  • Inmediatez verbal. Hasta que punto nos responden directamente a aquello que estamos preguntando. Cuanto mas vaga es la respuesta, mas posibilidades hay de que nos estén mintiendo.
  • Indiferencia. Si el entrevistado parece poco preocupado lo asociamos con la mentira.
  • Pensárselo mucho. Mentir es un trabajo duro, luego cuando alguien tiene que pensarse mucho una respuesta, lo asociamos a un engaño
  • Poca colaboración. A pesar de su obviedad, ser poco colaborador se sigue asociando con ocultar algo.

Aunque en algunas ocasiones estas claves pueden indicarnos que alguien miente, sobreestimar su valor nos puede llevar a cometer errores. Lo que nos sugiere la investigación es que, aunque utilizamos generalmente las claves correctas, estas son en si muy ambiguas. En otras palabras: no proporcionan suficiente información para tomar decisiones correctas.

Por ejemplo, alguien que está simplemente cansado puede parecer poco colaborador. La indiferencia puede venir provocada por la falta de interés en aquello que le preguntamos. O, pensárselo mucho, puede venir determinado por querer contar la verdad de la forma mas precisa.

Aparte de las posibles mentiras ocasionales que somos capaces de detectar, todos somos conscientes de lo complicado que resulta leer los pensamientos o emociones de los demás. El lenguaje corporal es algo ambiguo y quien diga lo contrario nos está intentando vender un sistema que, simplemente, no funciona.

En los años 90, el psicólogo Paul Ekman saltó a la fama con su teoría de las microexpresiones –la idea de que cuando mentimos, emitimos señales inconscientes que se reflejan en nuestro rostro-. Se supone que personas entrenadas serían capaces de detectar estas mentiras para desenmascarar nuestros verdaderos sentimientos. Su propuesta fue puesta en práctica por la administración americana y llevada a la televisión en la serie televisiva Miénteme.

Sin embargo, y como recoge Jeff Wise en Psychology Today, no hay evidencias que la teoría de Ekman sea cierta. Las microexpresiones existen, pero las muestran tanto aquellos que están diciendo la verdad como aquellos que mienten. No parecen existir claves que indiquen siempre que una persona miente, señala Bella DePaulo, de la Universidad de California. Estas conductas parecen ser únicamente indicaciones que pueden ayudar a un entrevistador entrenado.

Pero entonces, ¿no se puede desenmascarar a un mentiroso?. Desde luego que si. Pero la clave no es la observación de las microexpresiones, sino la habilidad y entrenamiento para hacer las preguntas adecuadas. Construir una historia verosímil y conseguir interiorizar sus detalles requiere una gran capacidad que va mas allá de contar la verdad.

Las investigaciones muestran que si los entrevistadores consiguen “colocar” una carga mental extra en el cerebro, es muy posible que observemos incongruencias en la historia y esta se desmorone. Si queremos obtener la verdad, provoquemos que nuestro presunto mentiroso tenga que pensar en varias cosas a la vez.

Estas son algunas de las estrategias a emplear:

  • Al revés. Hagamos que tenga que contar su historia al contrario. Relatar una secuencia de eventos en orden inverso es muy exigente para nuestro cerebro, y mucho más si no podemos “tirar” de la memoria para conseguirlo. Este esfuerzo extra provocará una sobrecarga mental en el mentiroso que comenzará a cometer incongruencias.
  • Mirar a los ojos. El individuo deberá mirarnos mientras cuenta la historia. Aunque es un mito que un mentiroso no pueda mantener la mirada, tener que estar pendiente de la mirada continuamente es una tarea altamente demandante para nuestro cerebro y puede distraerle de la historia que se ha inventado.
  • Dibujarlo. Cuando alguien miente, construye generalmente una historia con muy pocos detalles. Si les decimos que dibujen la escena, se verán forzados a inventar nuevos detalles visuales. Sus dibujos serán menos detallados que aquellos que nos cuentan la verdad y pueden contradecir la historia que nos han contado.
  • No mostremos nuestras cartas. La policía utiliza, en sus interrogatorios, lo que se denomina “uso estratégico de la evidencia”. Significa manejar los retazos de información que conocemos introduciéndolas en la conversación. De esta forma conseguimos que el mentiroso se pregunte hasta donde tenemos datos. Provocará una actitud defensiva e insegura que puede llegar a proporcionarnos detalles que no conocemos.

4 pensamientos

  1. Suficiente es que la persona que miente se desgaste como para seguir añadiendo energía a tal fatua hoguera por parte de los que el mentiroso cree sus víctimas. Independientemente de que las aranas puedan tener consecuencias sobre las pesonas sobre las que se vierte tal agua hirviendo, el que miente renuncia a su Verdad, esto es, a Sí Mismo y por tanto en su envenenada actividad abandona el Sendero de la Vida para convertirse en un mero Superviviente de sus intencionados incendios. Huye de su propio fuego sin saber que en una de sus fugas puede pisar en el imprevisible abismo que suele quedar entre mentira y mentira. No deja de ser un delincuente que atenta contra su Propio Paisaje Natural y Ecosistema Interno. A los demás sólo nos resta hacernos con el Buen Extintor de la Conciencia que siempre produce un Disfrute Natural capaz de asfixiar el humo de la mentira.

    Buen Tema para seguir construyendo nuestra Verdad.

  2. Buenos días Leo, buen artículo para comentar. No se si es fácil o difícil reconocer a quién miente o no. Precisamente ahora mismo acabo de tener una reunión con un proveedor que intenta venderme sus productos, y me dice que me promete que hace todo lo posible y que no puede bajar precios, etc. Le he dicho fráncamente y mirándole a los ojos, que lo creo, que se que me está diciendo la verdad; pero que yo haré lo que tenga que hacer por mis propios intereses. Y esa forma de pensar me hace sentir bien, no es que me de igual que me mientan o que no, el tiempo pone a cada cual en su sitio; pero llevando un camino derecho, equilibrado y metódico las mentiras no me austan. Y termino diciendo que cuando alguien dice una mentira no miente al que se la cuenta, sino a él mismo. Las conciencias todavían pesan, o eso creo.

    Gracias por todo, un abrazo.

    1. Es verdad amigo mío. La mentira como estrategia tiene los días contados. No se si es una sensación mía, pero me parece que aquellos que no empiecen a desplegar relaciones comerciales “sinceras” no van a sobrevivir mucho tiempo en estos tiempos en que la implicación emocional en nuestro trabajo es imprescindible.

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