¡SI NO ME GUSTO YO! ¿COMO LE VOY A GUSTAR A LOS DEMÁS?

La autoestima, ese concepto que resulta tan recurrente cuando oímos hablar a los psicólogos, tiene mucho que ver con nuestra percepción de nosotros mismos. Aspectos tales como nuestra apariencia física, nuestra capacidad adquisitiva, nuestra vida social y otras cuestiones conforman como nos sentimos con nosotros. Es decir si nos gustamos o no. Esto es la autoestima, que cuando la tenemos baja significa que no nos gustamos (o que no nos gusta lo que hemos hecho) o si es alta significa que si lo hacemos.

Teniendo una mención aparte para como educar la autoestima en nuestros hijos que sería algo a tratar en un programa específico dedicado a la educación en la familia, hay algunas cuestiones interesantes a tener en cuenta para incrementar nuestra consideración hacia nosotros mismos.

En primer lugar es muy importante que estemos atentos al lenguaje que empleamos, intentemos hablar en positivo, reafirmando nuestras fortalezas que ya tienes y no empezando las conversaciones con autoafimaciones negativas “yo se que soy un pesado, pero …. “. De forma paralela a esto debemos incorporar a nuestra personalidad atributos que desees tener. Con pequeños ejercicios como puede ser preguntar por el detalle de una factura que nos parece cara o solicitar permiso para pasar en una calle estrecha, estaremos consiguiendo pequeños triunfos que nos van a hacer sentir mejor.

En segundo lugar podemos empezar conociendo cuales son nuestras creencias y quien nos las inculcó. Ayuda mucho hacer un listado de todas ellas e identificar cuales “nos frenan”. Junto con esto deberíamos intentar cambiar el punto de referencia sobre hechos que ocurrieron en el pasado y sentimos que nos “marcaron”. Muchas veces vivimos atormentándonos con hechos del pasado que nos causaron algún dolor. Cambiando el punto de referencia, cambiaremos nuestro punto de vista y si lo hacemos, no cambiaremos nuestro pasado, pero si la interpretación que tenemos de él.

El segundo punto está íntimamente ligado al perdón. Debemos liberarnos de rencores y avanzar ya que no somos conscientes hasta que punto el rencor condiciona nuestra vida y nos obliga a ir por un camino determinado apartandonos de otro. El mejor ejemplo de esto lo constituye como “tachamos” a familares de nuestra vida por el simple hecho de que nos llevemos mal con su padre o con su madre.

En tercer lugar debemos cultivar nuestras fortalezas en lugar de concentrarnos en lo que no sabemos o no podemos hacer. La mejor manera de liberarnos de nuestras debilidades es aumentar nuestras cualidades.

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