Mi intención al proponer esta reflexión no es otra que intentar “normalizar” por un lado, “desdramatizar” por el otro y “positivar” por encima de todo, el planteamiento vital que nos rodea.

La sensación dominante es que las personas sufren “por todo”, la crisis, los malos ratos, los problemas en el trabajo, etc. En el enfoque que me gustaría plantear proponemos un modelo de persona “resiliente” y positiva. Resiliente es aquella persona que aborda los problemas, las circunstancias adversas de la vida de un modo constructivo. Son esas personas que lloran, por supuesto, cuando pierden a alguien querido, pero que a continuación pasan a recordar los buenos momentos vividos y reconstruyen su vida incorporando el recuerdo del mismo. Esto es un ejemplo de a lo que me refiero.
Se trata de dar permiso para estar triste como parte de un proceso natural de cambio y de reformulación de nuestras vidas.
La sociedad actual ha olvidado que el sufrimiento forma parte de ese proceso que nos hace vivir plenamente y propone, por otro lado una esfera de emociones “planas”, en la cual las personas se “ajusten” haciendo uso, en muchos casos de la medicación y evitando así, que la gente utilice sus propios recursos para afrontar los problemas.


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